El trabajo operativo te mantiene en el negocio. El trabajo estratégico hace que el negocio valga la pena.
Trabajo operativo y estratégico son dos cosas completamente distintas, y la mayoría vive atrapado en la primera sin poder nunca llegar a la segunda.
𝗘𝗹 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗼𝗽𝗲𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗮𝗴𝗮 𝗲𝗹 𝗱𝗶́𝗮: responder mensajes, resolver un problema con un proveedor, hacer una entrega, cubrir un puesto que faltó. 𝗘𝘀 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗮𝗿𝗶𝗼, 𝘀𝗶́. 𝗣𝗲𝗿𝗼 es el trabajo que te sostiene hoy. 𝗡𝗼 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝘆𝗲 𝘁𝘂 𝗺𝗮𝗻̃𝗮𝗻𝗮.
El trabajo estratégico es otra cosa. Es 𝗱𝗶𝗿𝗶𝗴𝗶𝗿 𝘁𝘂 𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗼, 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗼𝗽𝗲𝗿𝗮𝗿𝗹𝗼. Y dirigir implica entre otras cosas:
→ 𝗔𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗿 𝘁𝘂 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼: qué está pasando afuera, qué cambió, qué oportunidades o riesgos aparecieron. → Analizar tu negocio por dentro: conocer de verdad tus fortalezas y tus debilidades, no las que te gustaría tener.
→ 𝗧𝗲𝗻𝗲𝗿 𝘂𝗻𝗮 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗮 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮𝗻𝗼 𝘆 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗼 𝗽𝗹𝗮𝘇𝗼: saber hacia dónde vas, más allá del mes que estás cerrando ahora.
→ 𝗧𝗼𝗺𝗮𝗿 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀: elegir un camino, aunque implique resignar otro.
→ 𝗔𝗿𝗺𝗮𝗿 𝘂𝗻 𝗽𝗹𝗮𝗻 𝗱𝗲 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗼: bajar esa visión a algo ejecutable, no dejarla solo como una idea linda.
→ 𝗣𝗹𝗮𝗻𝘁𝗲𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗼𝗯𝗷𝗲𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗿𝗲𝘁𝗼𝘀 y saber traducirlos en tareas del día a día.
El problema es que en medio de la vorágine operativa, hacerle lugar a esto se siente casi imposible. 𝗦𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗵𝗮𝘆 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝘂𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗶𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝘁𝘂 𝗮𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼́𝗻 ya mismo, y lo estratégico queda relegado una semana más. Y otra. Y otra.
𝗘𝗹 𝘀𝗮𝗹𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗱𝗼𝗿 𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮𝗿𝗶𝗼 no se da por facturar más. 𝗦𝗲 𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝘂𝗲𝗻̃𝗼. Se da el día que empieza a correr, aunque sea un poco, el trabajo operativo, para hacerle lugar de verdad al trabajo estratégico.
𝗡𝗼 𝗲𝘀 𝗺𝗮𝗴𝗶𝗮 𝗻𝗶 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝘁𝗼𝗺𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗼𝗹𝗮 𝘃𝗲𝘇. Es una pelea constante contra la urgencia, sostenida en el tiempo, hasta que dirigir deja de ser lo que hacés cuando tenés un rato y pasa a ser una parte fija de tu semana.
¿𝗖𝘂𝗮́𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝘂 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮 𝗵𝗼𝘆 𝗲𝘀 𝗼𝗽𝗲𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼, 𝘆 𝗰𝘂𝗮́𝗻𝘁𝗼 𝗲𝘀 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗲́𝗴𝗶𝗰𝗼?
