Procrastinación, palabra tan de moda hoy para algo que existió siempre y que es postergar aquello que sabemos que tenemos que hacer.
Hay tareas que dejamos pendientes porque no nos gustan, otras porque creemos que no vamos a poder hacerlas bien, otras porque no estamos convencidos de hacerlas.
No da lo mismo postergar algo necesario para nuestra supervivencia que postergar algo que no estamos seguros de querer hacerlo.
A veces lo que postergamos no son tareas sino decisiones, y yo diría que en este caso las consecuencias son peores.
De todas maneras, para mí, lo peor que tiene dejar las cosas sin hacer es el efecto tremendo que tiene sobre nuestra mente.
Todo el tiempo que pasa entre que tomamos conciencia de eso que tenemos que hacer y el momento en que realmente lo hacemos, ESO, está todo el tiempo en nuestra cabeza y no nos deja disfrutar plenamente del resto de las actividades.
Nos ponemos a ver una peli o a leer por ejemplo y no lo disfrutamos plenamente porque nos atormenta la culpa.
La bendita culpa de no estar haciendo lo que deberíamos o creemos que deberíamos estar haciendo. La mente es así.
Una de las mejores maneras que conozco de no procrastinar o hacerlo lo menos posible es planificando.
Poniéndonos un día y un horario para hacer esas cosas que venimos postergando.
A medida que vamos cumpliendo esos pendientes no sólo tenemos la satisfacción del deber cumplido, sino que además cuando nos prometemos hacer algo y lo cumplimos vamos reforzando el respeto y la seguridad en nosotros mismos.
Te puedo ayudar!
Reservá tu primera entrevista online gratis
#consultoría #solopreneurs #emprendimiento #procrastinación
